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ANTONIO MATEOS MARTÍN DE RODRIGO


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LA
PALABRA

“EXTREMADURA”
(Historia, crítica etimológica e historiográfica y restitución de su significado).


(refundación de la teoría de las “extremaduras”, inicialmente “zonas de pasto”, situadas en las primeras fronteras cristiano-musulmanas y, a partir de Nebrija, “invernaderos”, en base, además, a la triple división del territorio de los reinos cristianos que dedicaban los “extremos” de sus poblaciones al pasto de los ganados y que generalizaron la denominación al mejor y mayor grupo de zonas de pasto, las actuales Extremaduras hispano-portuguesas, situadas sobre los invernaderos musulmanes, objetivo estratégico de la Reconquista según los resultados del estado actual de la historiografía medieval).


MI TIEMPO YA TIENE SU PALABRA
El tiempo trae palabras en las manos,
deseo vertical, y trae respuestas
donde se van pudriendo los olvidos,
...
Hay que esperar que el tiempo
se deshaga en el barro y que madure
la simiente enterrada ( ... ).
Mena Cantero, Francisco.

Depósito Legal. BA-19-04.

martes, 4 de diciembre de 2007

SANTA EULALIA DE LAS FRONTERAS Y DE LOS EXTREMOS O DE LAS VETONIAS CAUTIVAS

(SANTA EULALIA Y MÉRIDA EN LOS INICIOS Y EN EL FINAL DE LA RECONQUISTA).

Antonio Mateos Martín de Rodrigo.

“Ahora es Mérida el lugar de su tumba, ilustre colonia de Vetonia atravesada por el memorable río Ana…”.

Prudencio.[1]

a don Juan Fernández López quien, además, nos descubrió a Santa Eulalia de Mérida como habitante de toda la geografía de las Hispanias y a los eulalienses de Totana con motivo del próximo 750 aniversario de su inmersión en tan dilatada geografía.

INTRODUCCIÓN.

Generalmente la palabra “frontera” alude bien a un espacio o bien a una línea de separación; sin embargo la palabra “frontera” en la Edad Media hispana durante la Reconquista tenía también un significado bien distinto: era el lugar de preparación del avance reconquistador;[2] por otra parte la palabra “extremo” y su derivado “extremadura” generalmente han sido asociados a mero lugar fronterizo[3] y, consecuentemente, marginal [4] cuando, en realidad, en la Edad Media hispana era “el pan y la sal” de sus poseedores; pues bien la patrona emeritense fue el primer y último “santo y seña” en ambos lugares: los últimos extremos y las primeras fronteras; incluso ella misma, según las crónicas populares anónimas, fue la primera y la última “frontera” de la Hispania “captiva”…

PRIMERA JUSTIFICACIÓN: REVISIÓN DEL CONCEPTO DE LA RECONQUISTA.

La Invasión Musulmana de las Hispanias y la Reconquista Cristiana significaron el final forzado de Augusta Emerita como una de las más importantes ciudades en el aspecto urbano, económico, cultural, religioso y militar de las Hispanias; ahora bien la ciudad de Mérida y Santa Eulalia tuvieron, también a interpretar como correlato de su implicación religiosa y militar antiarriana en época visigoda,[5] un especial protagonismo militar y religioso en el principio y en el fin de la Reconquista. Y a ello se llega más que a despecho -por ella misma-, de la novedosa interpretación que del concepto de la Reconquista hizo Eduardo Hernández-Pacheco; para él era ésta una guerra que tenía sus raíces más en la realidad natural, “fisiográfica” en su terminología, de la Península Ibérica; por ello explicó la Reconquista cristiana como una necesidad vital y esencial de los hombres del norte con independencia de razones temporales, ideológicas o religiosas; [6] además Luís de Hoyo Sáinz exponía este hecho como una acción de tipo repetitivo o cíclico basada en la naturaleza diversa y contrastante de la Península Ibérica. Al parecer, cuando se han dado estas circunstancias cíclicas siempre ha habido “extremeños” como principales e iniciales rectores; incluso De Hoyos Sáinz sitúa a los vettones como los primeros trashumantes;[7] y así se explicaría y justificaría este protagonismo eulaliense y emeritense, hecho que, científicamente, se sustenta llanamente al aplicarle la Geometría Fractual a los hechos y procesos históricos.

Evidentemente Hernández-Pacheco situaba la Reconquista de las “extremaduras” portuguesa, leonesa y castellana, manchega y murciana como el objetivo estratégico de lo norteños; la supervivencia de estos, entonces de religión cristiana, dependía del control y posesión de los invernaderos situados en los territorios antedichos. La literatura del impacto ganadero en la Reconquista es muy amplia, despejada y prácticamente definitiva.[8] Este impacto ganadero justificó la más extraña de las decisiones políticas de los diversos reinos hispanos en el siglo XIII tras la Reconquista de los Reinos Taifas de Al-Andalus, a excepción del Reino de Granada: la disminución hasta su casi extinción de las actividades guerreras contra los musulmanes desde entonces; en palabras de Julio Valdeón “Vista en su conjunto, la expansión castellano-leonesa de ese período (hasta el siglo XIII) fue ciertamente grandiosa, contrastando con la casi total paralización de la reconquista desde mediados del siglo XIII hasta fines del XV”; [9] esta disminución de la actividad bélica llevó a Pierre Villar a dar por concluida la Reconquista en estas fechas: “De 1270 a fines del siglo XV, la Reconquista se paraliza...”; y por ello concluye que esta “etapa final de la Edad Media no puede ya considerarse como la Reconquista. Tiene otros rasgos y otras consecuencias...”; [10]Antonio Ubieto Arteta[11] denomina este período como el “Epílogo granadino”, el contrapunto musulmán, aunque militarmente irrelevante, de las Asturias cristianas como Área Nuclear de la Reconquista y que finalizará en 1492 cuando los Reyes Católicos conquisten definitivamente Granada.

Y es que la Reconquista obedecía a una realidad más prosaica: la recuperación, por parte de los hispano-cristianos del circuito completo trashumante cuyos invernaderos habían conquistado los musulmanes ; era este un espacio con sus mejores agostadores situados alrededor del Duero en los reinos de León y de Portugal y con sus invernaderos en lo que hoy es Murcia, la Mancha y las Extremaduras española y portuguesa. Por ello los pastos invernales extremeños, manchegos y murcianos, tras la reconquista de Andalucía, quedaron ya en una segura retaguardia, condición “sine qua non”, según Luís García de Valdeavellanos, para la realización de la denominada “trashumancia inversa”.[12] Obtenidos, pues, los pastos de las Extremaduras, de la Mancha y de Murcia se acabaron las grandes acciones bélicas y, por ende, la Reconquista como tal; ahora bien tanto en el principio de esta Reconquista como en su final vamos a encontrar de forma expresa y protagonista a los emeritenses y a Santa Eulalia.

N.B. Los asturianos, siguiendo a Pascual Martínez Sopena, tomaron el control de los agostaderos o Sierras durienses “en los años de la segunda mitad del siglo IX”. [13]

SEGUNDA JUSTIFICACIÓN: LA LUSITANIA ROMANA O LA MICROHISPANIA ESENCIALMENTE TRASHUMANTE DESDE SIGLOS ATRÁS Y HASTA COMIENZOS DEL SIGLO XIX.

ESCALANTE. adj. Dícese de una figura geométrica o de un objeto natural cuyas partes tienen la misma forma o estructura que el todo, salvo que están a diferente escala[de tiempo o de espacio] y pueden estar ligeramente deformadas”.[14]

Benoît Mandelbrot.

Dice Enrique Cerrillo Martín de Cáceres que los romanos impusieron en Hispania una nueva forma de poblamiento: “un sistema de asentamiento “ex novo”, distinto al que anteriormente habíamos dibujado a base de poblados fortificados”, sustituidos éstos por “ciudades en un territorio tradicionalmente sin ellas;[15] sin embargo, pese a la revolución urbana y territorial consecuente respetaron la distribución anterior de los espacios y sus accesos en las escalas o niveles local y provincial; así los extremos o enclaves ganaderos[16] medievales recibían en la época romana hispana, según Frontino[17] la denominación de praefecturae, especie municipal de comunae, comunales o proindivisos, [18] según Frontino que utiliza la terminología de Italia. [19]

En el caso emeritense su existencia la especifica José María Álvarez Martínez en solitario y también con José Luís de la Barrera Antón y Agustín Velázquez Jiménez respecto del enclave de Montemolín.[20] Seguían los romanos, pues, lo que García de Valdeavellanos ha denominado “triple división romana del espacio”,[21] en este caso con los extremos o zonas de pasto no ligados territorialmente al municipio; en Mérida, en el nivel local la distribución del espacio se deja ver en los espacios no centuriados próximos a Mérida como pertenecientes a su Ejido y los centuriados a partir del final de éste, por ejemplo, en dirección sur hasta Villafranca de los Barros/Los Santos de Maimona;[22] en el nivel provincial se observa esta triple división, insistimos, a través de las prefecturae de Valdecaballeros y de Montemolín.

De cualquier forma la estructuración territorial de la Lusitania por los romanos es un hecho, además, con finalidad subyacente trashumante: éste disponía del circuito completo con agostaderos al sur del Duero y con invernaderos al sur de los Santos de Maimona; evidentemente esta Lusitania comprende todo el territorio del Obispado medieval de Badajoz y una parte de los territorios santiaguistas del Castillo Terminado de Montemolín.[23] La estructuración de la Lusitania romana como circuito trashumante se obtiene por contrate con la expansión musulmana según Felipe Maillo Salgado[24] que proseguía de forma fehaciente adoptar el circuito trashumante completo.[25]

En segunda instancia complementaria se obtiene, por contraste a través de la muy racional “querencia lusitana” de la Orden de Santiago para controlar unos territorios que, como tampoco para los romanos, eran marginales y, sin embargo, muy ganaderos tal como nos expone Derek W. Lomax [26]

Según Lomax, desde el principio, el ganado lanar era el más importante de sus rebaños;[27] de todas las maneras un simple repaso cartográfico a la Extremadura medieval sitúa a las Órdenes Militares principales asentadas, casi siempre voluntariamente, sobre los ricos territorios de pasto y/ o sus accesos y no sobre la cercana frontera del reino de Portugal ni la lejana del reino de Granada; repárese en el hecho de que el Maestre Pelayo Pérez Correa obtuvo, por permuta, el Castillo Terminado de Montemolín frente a la donación andaluza de Cantiñana[28] y el resto de Mérida por posesiones gallegas.[29]

Thomas F. Glick presenta abiertamente la Reconquista como una guerra entre pueblos ganaderos;[30] incluso encuentra en los enfrentamientos bélicos entre los reinos cristianos el control de los pastos como “causus belli”;[31] en realidad los cristianos se enfrentaban a la supervivencia como pueblo incluso entre ellos mismos.[32] Algún historiador español contemporáneo ya asumió las conclusiones de Glick; es el caso de Salustiano Moreta.[33]

N.B. No sería pues sino hasta la tercera década del siglo XIX cuando este modelo milenario de prefecturae romanas, de enclaves medievales o territorios vetones fue sustituido; entonces los políticos liberales romperían la unidad fragmentada de las Hispanias primigenias sin embargo vertebrados por sus cañadas o caminos trashumantes; de cualquier manera la primera y definitiva andanada venía del Viejo Régimen y de la misma Extremadura: El memorial ajustado presentado por Don Vicente Paino y Hurtado en tanto que Diputado de las Ciudades de Voto en Cortes, Badajoz, Mérida, Truxillo,y su Sexmo, Llerena, el estado de Medellín, y Villa de Alcantara, por sí, y toda la Provincia de Estremadura. [34] Y he aquí que, en contraste con los vettones, otros extremeños y lusitanos pusieron fin a la estructuración de la España primigenia -hasta el momento no se ha valorado la revolución territorial que importaba este expediente anti-trashumante-.

SANTA EULALIA Y MÉRIDA EN EL PRINCIPIO Y FIN DE LA RECONQUISTA: DE DON PELAYO A LA ORDEN DE SANTIAGO DE LA ESPADA.

SANTA EULALIA EN EL PRINCIPIO DE LA RECONQUISTA

Tras los primeros momentos de la Reconquista Santa Eulalia de Mérida fue suplantada oficialmente en la Oviedo filotoledana[35] por Santa Leocadia;[36] sin embargo fue mantenida, empero, en primer plano en el reino astur-leonés por “impulso popular” en la Repoblación; lo demuestra su considerable dispersión toponomástica en el norte de la Península tanto en la toponimia mayor, suficientemente investigada por don Juan Fernández López,[37] como en la menor -que aún es conveniente investigar por conservarse dispersa en numerosos documentos de la época o próximos a ella-;[38] por contra la toponimia leocadiense y filotoledana no existe en el norte de España más que en la documentación oficial y como consecuencia de ella. Y es que, desde el primer momento de la invasión musulmana se documenta fehacientemente la instalación de refugiados emeritenses,[39] los denominados “gallegos”, en el norte peninsular levantisco;[40] también subyacen, a resguardo de manipulaciones neogoticistas, los respetos preeminentes hacia Santa Eulalia: Don Pelayo y su esposa inicialmente no fueron enterrados en Covadonga sino en la iglesia de Santa Eulalia de Abamia.[41]

Además la figura de santa Eulalia también sería utilizada como seña de identidad territorial de los nuevos territorios castellanos-leoneses en su última fase reconquistadora; pero sin duda alguna esta consideración hubo de surgir, insisto, en las primeras escaramuzas realizadas por Pelayo y en el primer territorio en que comienza la entonces denominada “restauración de España”: la primera iglesia que se restaura es una iglesia dedicada a Santa Eulalia de Mérida por creer que la victoria alcanzada sobre Munnuza en la batalla de Olalies[42] se la debía el primer caudillo reconquistador a la patrona emeritense.[43] Al respecto ya me he alineado frente a la tradicional consideración de don Pelayo como no emeritense.[44]

La eulalización de los territorios reconquistados en los primeros momentos por el “impulso popular emeritense” se documenta tempranamente en el siglo IX, incluso en el condado de Castilla pese al goticismo oficial imperante; sucedió en la burgalesa población de, hoy, Quintanilla Vivar y, originalmente, Quintanilla Moriscila, ¡cabe la población natal del Cid Campeador¡. Al parecer corría el año 882 cuando un noble leonés, de seguro origen visigodo y de más probable descendencia emeritense llamado Munio Cixilia efectuaba una puebla en las proximidades de la ciudad burgalesa; la pista consecuente se la proporcionaba a Fray Luís de la Cruz el hecho de que la Iglesia de la nueva población le fuese dedicada a Santa Eulalia de Mérida. [45] Pero este hecho, que no fue único y al que tomamos por modelo explicativo, alcanzará su máximo desarrollo a finales del siglo XIII; entonces su protagonista no será un noble de origen visigodo, y necesariamente de origen emeritense, sino la propia Orden de Santiago de la Espada.

SANTA EULALIA Y EL FINAL DE LA RECONQUISTA: LA ORDEN DE SANTIAGO Y SANTA EULALIA COMO SU HITO TERRITORIAL Y ÚLTIMA FRONTERA DE LA RECONQUISTA.

INTRODUCCIÓN: DE LA SIERRA DE SANTA OLALLA EN CILLEROS A MERITA, [46] HOY MÉRIDA.

Los reconquistadores leoneses cuando llegaron a los límites de Salamanca hubieron de ver próxima la ciudad de Mérida y bautizaron unas de las primera sierras que consideraban cercana a su tierra como de santa Olalla –ésta, en las proximidades leonesas de Cilleros, forma parte como sierra menor de la Sierra de Gata- ; y el fervor eulaliense hubo de acrecentarse al llegar a los llanos cacereños pues éste maduraría en Cáceres a finales del siglo XV de forma que se le erige una Cofradía a Santa Eulalia el 22 de junio de 1467;[47] pero no era la primera vez que Santa Eulalia presidía una Cofradía, incluso tuvo una “confraternidad militar” erigida en la Iglesia a ella dedicada en Barbastro, Huesca, ciudad episcopal del reino de Aragón, por Gaufredo, obispo de esta ciudad y de Roda; transcurría el año de 1138;[48] incluso creo que, de no haber mediado el arzobispado compostelano, los frates de Cáceres hubieran terminado denominándose Orden de Santa Eulalia de Mérida pues tal como veremos tras la toma de la ciudad Santa Eulalia pasa a tomar un protagonismo santiaguista excepcional.

La ciudad tenía tanto interés para la Orden que cuando la adquiere plenamente por intercambio de sus territorios gallegos con el Arzobispado de Compostela en 1234[49] la mayor parte de su término aún estaba en poder de los musulmanes; por razones obvias Mérida se convierte en el cuartel general de la Orden de Santiago; también en su principal ciudad: en ella dispone el Maestre su Palacio[50]-probablemente, en el denominado “templo de Diana”-, en ella sitúa la principal iglesia del Maestrazgo, la basílica de santa Eulalia, que la Orden restaura y cuya preeminencia se prolonga hasta finales del siglo XIX;[51] y en esta iglesia, que no será parroquia hasta 1498[52] se celebran la mayoría de los Capítulos Generales medievales,[53] en ella se entierran maestres, priores, comendadores…[54]Y hasta el siglo XV constituyó un gran edificio con porte de catedral como reconocieron los Visitadores de la Orden en 1494[55] según Francisco Tejada Vizuete para quien esta iglesia no tiene parangón medieval ni en la catedral de Badajoz.

SANTA EULALIA EN EL REINO DE LEÓN UNIDO A CASTILLA: PUEBLA DE LA REINA, AZUAGA, SANTA OLALLA DEL CALA, ALMONASTER LA REAL Y SEVILLA.

Dice Bernabé Moreno de Vargas que en el año de 1241 salió el Maestre [D. Rodrigo Íñiguez] de Mérida con la gente de ella y caballeros de la orden y entró en tierra de moros, adonde son las villas del Almendralejo, Fuente el Maestre, Llerena, Usagre y Guadalcanal y les ganó muchos castillos y pueblos que quedaron para la orden[56]. De esta época viene la erección de la parroquia de Puebla de la Reina, población no incluida en la lista de Moreno de Vargas. Puebla de la Reina, según Juan Mateo Reyes Ortiz de Tovar, tuvo su segunda fundación “por los años de 1245, por orden de la reina Doña Beatriz, esposa de Fernando III. La que estuvo en aquel sitio con su acompañamiento, hasta que el su esposo el rey ganó a Hornachos, en cuya memoria mandó poblar el sitio con el nombre de Puebla de la Reina, fiando la población a la dirección de Maestre de Santiago Don Pelay Pérez Correa. Dióla a la Orden San Fernando, pasando después a la Baylía de Sancti Spiritus de Salamanca, en el Capítulo General, que celebró esta ínclita Milicia en Mérida el año 1262”.[57]

También en esta misma época hubo de producirse la erección de la primera parroquia de la villa de Azuaga situada junto al castillo y sustituida por una parroquia con distinta advocación a la de santa Eulalia y erigida en el centro del pueblo: a finales del siglo XIX Félix Rodríguez Díaz reconocía la gran antigüedad de la ermita de san Blas que, previamente, había estado bajo la advocación de Santa Eulalia: “sólo podemos decir que el [santuario] de San Blas, llamado antiguamente de Santa Eulalia, es antiquísimo y demasiado pequeño y de obra muy tosca”;[58] pero desconocía Rodríguez Díaz que aquel santuario tan antiguo, pequeño y tosco había sido el primer templo parroquial azuagueño según interpreta Aurora Ruiz Mateos;[59] la misma investigadora explica las causas del abandono por su lejanía del casco urbano;[60]por ello concluye Ruiz Mateos que “la edificación del nuevo templo modificó la identidad de Santa Olalla mencionada en los documentos como iglesia parroquial , en 1550, y ermita, a partir de 1576”.[61]

Pero la ofensiva del maestre Rodríguez Iñiguez no fue definitiva para la reconquista cristiana de la zona sur de la actual Extremadura; el flanco oeste, sin valor estratégico para Fernando III, quedaba sin conquistar a pesar de haber iniciado la campaña para la conquista de Sevilla; por ello el maestre Pelay Pérez Correa inició su conquista asumiendo los intereses ganaderos de la Orden. [62]

Y en esta zona extremeño-andaluza de Sierra Morena la figura de Santa Eulalia continuaba fijando límites territoriales de la Orden de Santiago; pero estos no se consolidaron pues estas poblaciones pasaron al definitivo control de la ciudad de Sevilla permaneciendo sin, embargo, arraigada la advocación. El carácter fronterizo de estas poblaciones en su moderno significado, no frente a los musulmanes sino entre la Orden de Santiago de una parte y el Concejo de Sevilla por otra parte, la dedujo Enrique Rodríguez-Picavea Matilla respecto de Azuaga.[63]

Yo por mi parte me limito a incluir el hecho fronterizo en las actuales poblaciones andaluzas que tienen por patrona a santa Eulalia y actualmente se encuentran en los límites externos de la actual Extremadura a cuya fijación de límites la Orden contribuyó de forma principal. Estas poblaciones, sin margen alguno para el error por su advocación eulaliense, estuvieron previamente controladas por la Orden de Santiago que las perdería en la gran ofensiva “pliniana”[64] de los sevillanos en el para ello favorecedor reinado de Alfonso X el Sabio. [65]

De cualquier manera sabemos que el enfrentamiento por los límites también afectó a la Orden de Santiago y al Arzobispado de Sevilla; éste pretendía la Restauración de la Archidiócesis Hispalense en la Baja Extremadura, Y consiguió la restauración arzobispal hispalense parcialmente en 1274 por avenencia con el Señor Solariego que era la Orden de Santiago: “Los límites de la archidiócesis acabaron por establecerse entre 1263, año en que se acordó la división territorial con la sede gaditana, y 1274, cuando la Orden de Santiago se avino con el arzobispado hispalense sobre sus derechos en tierras de la actual provincia de Badajoz”.[66] La avenencia suponía la restauración, aunque no ajustada a derecho, en la zona sur de la actual Extremadura de la Archidiócesis Hispalense. Y, por ella, la villa de Reina, cabe a Llerena, entonces del señorío y jurisdicción civil de la Orden de Santiago, pasaba a formar parte singular del Arzobispado Hispalense: lo hacía como cabeza de uno de sus arcedianatos: “Desde el punto de vista eclesiástico -continúa Ladero Quesada- las principales divisiones internas del arzobispado fueron los arcedianatos, las vicarías y parroquias, y los prioratos. Los seis arcedianatos, aunque tienen reflejo efectivo en la geografía eclesiástica de la archidiócesis era, ante todo, base para cargos personales de honor, pues sus títulos formaban entre las “dignidades” del cabildo catedralicio: fueron los de Sevilla, ciudad, Jerez, Écija, Niebla, Constantina y Reina”. [67] En la jurisdicción de este arcedianato hispalense entraba también el Castillo Terminado de Montemolín con sus respectivas poblaciones ya que, como dice Lomax “... fue la Orden la que quien decidió que Montánchez pertenecería a la diócesis de Coria, y Montemolín y Reina a la de Sevilla.[68]

SANTA EULALIA EN SEVILLA.

Conquistada Sevilla por Fernando III el Santo el posterior Monasterio de la Merced situado en la ciudad hispalense se erigió bajo el patrocinio de Santa Eulalia de Mérida y con destino a las mismas funciones mercedarias: el rescate de los cristianos prisioneros de los musulmanes; de aquí que el Monasterio recibiese la denominación de Santa Eulalia de los Cautivos.[69] La Orden de Santiago había tenido anteriormente varios de estos hospitales que no eran hospitales “de sangre” o para curar heridos de guerra sino centros hospitalarios “a titulo de redempcion de captiuos” es decir “ de merced” o destinados a la financiación de la libertad de los prisioneros cristianos en manos de los musulmanes; de aquí la considerable dotación de algunos de ellos, como por ejemplo los que la Orden tuvo en Toledo y Cuenca;[70] evidentemente los nuevos hospitales se iban situando en las nuevas zonas fronterizas.

SANTA EULALIA EN EL REINO DE CASTILLA: TOTANA.

A su vez tiene actualmente Totana una especial y singular devoción por Santa Eulalia de Mérida surgida allá por el año 1242 en el Reinado de Fernando III el Santo y durante el Maestrazgo de Don Pelayo Pérez Correa.

Esto es, al menos lo que deducimos del texto que, al respecto, nos ofrece la Crónica del Maestre portugués de la Orden de Santiago: en el año 1242 los embajadores del rey Abenhudiel de Murcia le comunicaron al Infante don Alonso (el futuro Alfonso X el Sabio) en Toledo su deseo de entregarse como vasallo a su padre el rey Fernando III.

El infante llamó entonces al maestre don Pelayo Pérez Correa para que le acompañase con sus hombres a tomar posesión del reino murciano;[71] pero no recibió la Orden de Santiago en el primer momento las poblaciones de Aledo y Totana; como recuerda Bernabé de Chaves Aledo y Totana fueron intercambiadas por Elda, Caloja y Catral[72] en el año 1257. Así pues el próximo año se cumplirá el 750 aniversario de la entronización “oficial” del culto de santa Eulalia en Aledo-Totana. Y decimos “oficial” porque la donación de Alfonso X el Sabio se hizo, según era usual entonces,[73] cuando Aledo estaba aún en manos de los musulmanes.[74]

[75]

Santa Eulalia de Mérida en Totana; con ella se cerraba la genuina Reconquista de los extremos y de las fronteras es decir de la Hispania como transposición de la Vettonia prerromana y de la Lusitania romana.




[1] PRUDENCIO, Obras, II, traducción de Luís Rivero García, Gredos, Madrid, 1997. pág. 157, Himno III, vs, 186.

[2] DUARTE INSÚA, Lino. “Los ejidos de Castilla” en Revista del Centro de Estudios Extremeños. Badajoz. l943 y 1944, p. 301, en una Provisión que recoge con fecha de 27 de enero de 1762 leemos : “ ... los altos progenitores de nuestra real persona, habían ganado muchas tierras a los moros de Andalucía y de otras provincias comarcanas a Toledo, dejando de ser esta ciudad plaza de armas y frontera para conquistarlas, habían quedado en su lugar erigidos por fronteras y plazas muchos castillos, fortalezas y lugares situados a la frente y confín de las demás tierras moriscas ”.

[3]ARIZA VIGUERAS, Manuel en la voz “Extremadura” pp. 243 en Gran Enciclopedia de Extremadura. Tomo IV, Karmele Pellitero Aja, (coord.) EDEX. Vitoria, 1991: “La más reciente, y la que tiene más predicamento entre los historiadores es la que considera que el nombre viene de EXTREMOS, con el significado de “frontera”, más la terminación dura- como en español cabalgadura, andadura, etc.-”

[4] Martín Martín, José Luis y García Oliva, Mª Dolores. HISTORIA DE EXTREMADURA. Tomo II. LOS TIEMPOS MEDIEVALES. Universitas Editorial. Badajoz, 1985, p. 307, propugnan, para explicar la presencia de las Órdenes Militares en Extremadura, una teoría proporcionada a la teoría de “Extremadura como Frontera”, entendida esta según la historiografía antigua:“La principal razón de la importancia del territorio recibido directamente por las órdenes militares de los monarcas reside en la voluntad de éstos de hacerlas arraigar en zonas fronterizas, que de otro modo estarían carentes de defensa”.

[5] véase MATEOS MARTIN DE RODRIGO, Antonio, “Santa Eulalia y la creación del reino de Asturias” en Santa Eulalia de Mérida. La Grandeza de lo pequeño, pp. 141-153.

[6] HERNÁNDEZ-PACHECO, Eduardo. Síntesis fisiográfica y geológica de España. Junta para la Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas, Museo Nacional de Ciencias Naturales, Madrid, 1932. p. 402.

[7] Tradicionalmente se ha tenido a los pastores mesteños castellanos y leoneses por invasores del territorio extremeño; sin embargo DE HOYOS SÁINZ, Luís en “Sobre la antigua Vettonia y la actual Extremadura”, Estudios Geográficos, nº 52, C.S.I.C. Madrid, 1953, p.410 expresó el carácter cíclico y alternativo del fenómeno: “los extremeños fueron siempre gente andariega y aun trotamundos, no iniciando con su gran parte en la conquista de América lo que pudiéramos llamar su espansividad, sino que antes, mucho antes, la utilizaron en o contra las tierras de sus vecinos. Podemos afirmar que la manifestación de este carácter de los extremeños fué en gran parte impuesta o debida a hechos naturales de su geoclima, es decir, de su tierra y cielo, que con extremas variaciones obligaban a sus hombres, esencialmente pastores y ganaderos, a llevar sus rebaños a regiones, si no opuestas, sí diferentes, donde los pastos de verano subsistían en las estaciones cuando en su tierra se habían agostado.

Culminó en la Mesta este importante hecho natural, originando lo que los modernos antropólogos llamarían antropodinámica, es decir, causas que mueven a la población de un país a variar de sitio, pero se comprende que éstas existían muy pretéritamente a la organización de la institución medieval, y, por tanto, antes que Soria ostentara el blasón de “cabeza de Extremadura”, o que León, sin ostentarle, recogiera en sus puertos cantábricos los rebaños extremeños. Los primitivos vettones no sólo iban y volvían a la Celtiberia, y emigraban e inmigraban a las tierras altas de los vacceos o de los cántabros astures, sino que también se dirigían por la ruta perdurable que yo he llamado muchas veces del Oeste, desde Huelva a Cantabria, a las regiones hoy portuguesas, de

por razones que desconozco esta entrada no admite más notas a pie de página.


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