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ANTONIO MATEOS MARTÍN DE RODRIGO


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LA
PALABRA

“EXTREMADURA”
(Historia, crítica etimológica e historiográfica y restitución de su significado).


(refundación de la teoría de las “extremaduras”, inicialmente “zonas de pasto”, situadas en las primeras fronteras cristiano-musulmanas y, a partir de Nebrija, “invernaderos”, en base, además, a la triple división del territorio de los reinos cristianos que dedicaban los “extremos” de sus poblaciones al pasto de los ganados y que generalizaron la denominación al mejor y mayor grupo de zonas de pasto, las actuales Extremaduras hispano-portuguesas, situadas sobre los invernaderos musulmanes, objetivo estratégico de la Reconquista según los resultados del estado actual de la historiografía medieval).


MI TIEMPO YA TIENE SU PALABRA
El tiempo trae palabras en las manos,
deseo vertical, y trae respuestas
donde se van pudriendo los olvidos,
...
Hay que esperar que el tiempo
se deshaga en el barro y que madure
la simiente enterrada ( ... ).
Mena Cantero, Francisco.

Depósito Legal. BA-19-04.

jueves, 27 de diciembre de 2007

10. LA SOLUCIÓN. LA PALABRA “MARCA” COMO DENOMINACIÓN VISIGODA DE LAS ZONAS DE PASTO SITUADAS TAMBIÉN EN LOS EXTREMOS.

Como las palabras “extremo” y “extremadura” la palabra “marca” ha sido interpretada como “frontera”; concretamente como la denominación catalana de “frontera”.

Pero si la “frontera”, según hemos visto, era un territorio situado frente al enemigo desde el que los cristianos procedían a la conquista de nuevos territorios en poder de los musulmanes, aunque dentro del reino, las investigaciones de Maraval respecto a la palabra “marca” no permiten asociar, entre sí, los conceptos de “marca” y “frontera”; la “marca”, por contra, es un territorio que sirve de contención contra el enemigo y que se encuentra fuera del reino (su equivalente es el “thugur” musulmán):
a.
1. “...nuestra Edad Media ...ese estupendo y singular carácter de Historia en marcha, en avance territorial, de tal modo que las fases en que esa progresión se detiene no son más que paradas circustanciales, por tanto lamentadas en las fechas mismas en que se producen. La frontera meridional que en cada momento limita nuestros principados cristianos postula su proyección hacia adelante. En ella de permanente no hay más que la exigencia de correrse más adelante. Y esto es cosa peculiar y exclusiva de nuestra Historia”[1] . 2. “La frontera que con los moros tienen nuestros principados cristianos, por su sola existencia, insta a su desplazamiento adelante. Es por sí sola, la negación de toda estabilidad. Y de aquí el sorprendente hecho de que aquel elemento, que, situado en ella, podría aparecérsenos como definidor de una situación estable, se trasforme precisamente en el factor del ininterrumpible, ya que no interrumpido, movimiento de progresión. Nos referimos a los castillos que guarnecieron esas fronteras. Díez del Corral ha tratado del que él llama “el destino histórico del castillo hispano”: el vigoroso empuje, que mueve a unas generaciones tras otras a la conquista de la tierra, levantaba una línea de castillos para proteger los resultados de una etapa de progresión, haciendo caer en desuso las líneas anteriores y dejando derrumbarse las fortalezas que ya no servían... “Los castillos ibéricos, a pesar de sus grandes moles o precisamente por eso, son obras de paso, abrigos temporales en una guerra ofensiva, trampolines para nuevas conquistas”. Llevan en sí “un constitutivo destino de transitoriedad ”[2] .

Para Maraval lo que hace de la “frontera” cristiana un dispositivo de avance es la ideología de reconquista: “Es, sencillamente, esa misma transitoriedad de la situación en que consideran hallarse los cristianos, aspecto que tiene un especial interés considerar en nuestra Edad Media: los cristianos conciben el estado en que se ven como provisional, basados en la esperanza de recobrar el ámbito anterior, de volver a hacer suyo el dominio del país. Esa tierra que hay más allá de sus fronteras, esa Hispania -y por eso la llaman así ellos, que se consideran los únicos hispanos -, es cosa suya y es una parte del todo que les pertenece, según piensa el autor del Albeldense ”[3] .
b.
1. “Basándose en una carta que los emeritenses envían a Luis el Piadoso, rey franco, Maraval deduce que la “marca” es un territorio exterior a todo reino : “Esto sólo muestra lo lejos que está la situación de una tierra de marca respecto a la de otra que sea, en cambio, dominio verdaderamente tal, unido y organizado en el interior de un reino. Es algo que queda fuera, sin fundirse con el resto; y no solamente no constituye cuerpo con el reino, sino que es precisamente lo que desde fuera de él lo circunscribe ”[4] .
2. “Marca designa en Cataluña no un país, sino las diversas tierras que son o han sido fronterizas y, por tanto, queda fuera de ello el núcleo de los condados que forman la tierra principal. Por eso, habitualmente la palabra marca va unida a la de “extremo” o “confín ”·.Y en esos casos no quiere decirse que se trate de los extremos de una región interior llamada marca, sino que lo significado más bien es “en el extremo de la región fronteriza”, porque, como antes dijimos, ésta no es una línea, sino una zona mudable de dominio discutido e incierto. Uso análogo e igualmente redundante, al parecer, se da en la parte occidental de la península, donde la “Historia Compostelana” se refiere aún a la región periférica de Galicia con estas palabras: “Et extremos Galletiae fines”. La importancia político-militar de esas zonas lleva a recordarlas en las fórmulas de titulación de los reyes, como exaltando la grandeza y eficacia de su poder : “ Sancho II de Castilla otorga un diploma en cuya datación se dice : “Rex in Castella et in omnibus finibus eius”. Estos fines son las marcas de los documentos catalanes”[5] .

La “marca” y la “frontera” responden a dos concepciones diferentes del espacio; la “marca” es una palabra de origen francés medieval o franco que entiende el espacio catalán como un tapón defensivo frente a los musulmanes; la palabra “frontera” es de origen peninsular e interpreta el espacio de Hispania como un territorio a recuperar. De aquí que, como dice Maraval, los reyes pensinsulares se apresuren a integrar los límites en sus títulos reales.

Pero ¿por qué los francos llamaron “marca” a una región fronteriza? Por la misma razón que se llamaron “extremos” o “extremaduras” a las zonas de pasto. Por su carácter fronterizo no eran zonas aptas para la agricultura sino para la ganadería. De aquí su denominación según López Martínez: “Los baldíos, de cualquier modo que se consideren, son efectos de la escasez de brazos para el cultivo, y en Europa tienen su origen en la formación de las nacionalidades, después de la caída del Imperio Romano.

Cuando se posesionaron los bárbaros de la parte occidental del Imperio y tomaron para sí, en lo que hoy es Italia, Francia y España, la parte que les plugo, no igual en las tres naciones, la propiedad quedó constituida del modo siguiente: la parte que ellos se reservaban se llamó alodial ; la dejada á los vencidos quedó sujeta á las leyes romanas; hubo otra parte, no repartida, llamada marca, y fue propiedad común de las decanías. Estas tierras se dedicaban á la cría de ganados y á los ejercicios de la caza, á los cuales tenían gran afición los conquistadores. Según la ley 9ª, título I, libro X del Fuero Juzgo, de los bienes indivisos en España disfrutaban indistintamente los godos y los naturales. Así se constituyeron los baldíos.

Las disposiciones legales del Fuero Juzgo sobre estas clases de terrenos fueron restauradas durante la reconquista por los reyes de Asturias, León y Castilla, y extendidas después de la conquista de Toledo por Extremadura, la Mancha y Castilla la Nueva ”[6],
Existe por tanto un proceso continuo entre la utilización de las “marcas” góticas y de la “extremaduras” cristianas como zonas de pastoreo; sólo cambia la denominación.

Obsérvese que el Fuero Juzgo divide en dos tipos los terrenos, “tierras” (las dedicadas al cultivo) y “montes” (los dedicados al pasto de ganado): “De los departimientos de las tierras entre los godos y romanos. El departimiento que es fecho de las tierras et de los montes entre los godos et los romanos, en ninguna manera non deve seer (sic) quebrantado ” [7].

Evidentemente los “montes” se encontraban en los extremos de las poblaciones y, por ende, también, en las fronteras de los estados; de aquí que el reino franco llamase “marca” a la actual Cataluña.