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ANTONIO MATEOS MARTÍN DE RODRIGO


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LA
PALABRA

“EXTREMADURA”
(Historia, crítica etimológica e historiográfica y restitución de su significado).


(refundación de la teoría de las “extremaduras”, inicialmente “zonas de pasto”, situadas en las primeras fronteras cristiano-musulmanas y, a partir de Nebrija, “invernaderos”, en base, además, a la triple división del territorio de los reinos cristianos que dedicaban los “extremos” de sus poblaciones al pasto de los ganados y que generalizaron la denominación al mejor y mayor grupo de zonas de pasto, las actuales Extremaduras hispano-portuguesas, situadas sobre los invernaderos musulmanes, objetivo estratégico de la Reconquista según los resultados del estado actual de la historiografía medieval).


MI TIEMPO YA TIENE SU PALABRA
El tiempo trae palabras en las manos,
deseo vertical, y trae respuestas
donde se van pudriendo los olvidos,
...
Hay que esperar que el tiempo
se deshaga en el barro y que madure
la simiente enterrada ( ... ).
Mena Cantero, Francisco.

Depósito Legal. BA-19-04.

miércoles, 26 de diciembre de 2007

4. SEGÚN DE HOYOS SÁINZ FUERON LOS EXTREMEÑOS PRIMITIVOS LOS PRIMEROS TRASHUMANTES.

Tradicionalmente se ha tenido a los pastores mesteños castellanos y leoneses por invasores del territorio extremeño; sin embargo de Hoyos Sáinz se ha expresado por todo lo contrario: “los extremeños fueron siempre gente andariega y aun trotamundos, no iniciando con su gran parte en la conquista de América lo que pudiéramos llamar su espansividad, sino que antes, mucho antes, la utilizaron en o contra las tierras de sus vecinos.

Podemos afirmar que la manifestación de este carácter de los extremeños fué en gran parte parte impuesta o debida a hechos naturales de su geoclima, es decir, de su tierra y cielo, que con extremas variaciones obligaban a sus hombres, esencialmente pastores y ganaderos, a llevar sus rebaños a regiones, si no opuestas, sí diferentes, donde los pastos de verano subsistían en las estaciones cuando en su tierra se habían agostado.

Culminó en la Mesta este importante hecho natural, originando lo que los modernos antropólogos llamarían antropodinámica, es decir, causas que mueven a la población de un país a variar de sitio, pero se comprende que éstas existían muy pretéritamente a la organización de la institución medieval, y, por tanto, antes que Soria ostentara el blasón de “cabeza de Extremadura”, o que León, sin ostentarle, recogiera en sus puertos cantábricos los rebaños extremeños. Los primtivos vettones no sólo iban y volvían a la Celtiberia, y emigraban e inmigraban a las tierras altas de los vacceos o de los cántabros astures, sino que también se dirigían por la ruta perdurable que yo he llamado muchas veces del Oeste, desde Huelva a Cantabria, a las regiones hoy portuguesas, de la Beira Alta y Tras-os-Montes porque quedaban más cerca de su asiento natural en los valles altos de la sierra de Francia y de Gredos o en la portuguesa Sierra de la Estrella”. [1]