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ANTONIO MATEOS MARTÍN DE RODRIGO


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LA
PALABRA

“EXTREMADURA”
(Historia, crítica etimológica e historiográfica y restitución de su significado).


(refundación de la teoría de las “extremaduras”, inicialmente “zonas de pasto”, situadas en las primeras fronteras cristiano-musulmanas y, a partir de Nebrija, “invernaderos”, en base, además, a la triple división del territorio de los reinos cristianos que dedicaban los “extremos” de sus poblaciones al pasto de los ganados y que generalizaron la denominación al mejor y mayor grupo de zonas de pasto, las actuales Extremaduras hispano-portuguesas, situadas sobre los invernaderos musulmanes, objetivo estratégico de la Reconquista según los resultados del estado actual de la historiografía medieval).


MI TIEMPO YA TIENE SU PALABRA
El tiempo trae palabras en las manos,
deseo vertical, y trae respuestas
donde se van pudriendo los olvidos,
...
Hay que esperar que el tiempo
se deshaga en el barro y que madure
la simiente enterrada ( ... ).
Mena Cantero, Francisco.

Depósito Legal. BA-19-04.

miércoles, 26 de diciembre de 2007

12. LA SOLUCIÓN. ANTECEDENTES DEL INTERÉS DE LOS CONCEJOS Y DE LAS ÓRDENES COMO GRANDES TERRATENIENTES Y ANTECEDENTES INCRUENTOS ENTRE CRISTIANOS DE

“LA RECONQUISTA COMO ADQUISICIÓN DE PASTOS”.

Según Pastor el excesivo interés territorial de las Órdenes Militares y de los Concejos tenía ya claros antecedentes y bases sólidas: “... la formación de los grandes circuitos de trashumancia y el consiguiente aumento de la producción ganadera tuvo, como base de su despegue, un proceso anterior de absorción del pequeño productor de las aldeas en beneficio del gran productor, proceso que se cumplió antes del siglo XII” [1].

Por otra parte, según el mismo historiador, la “reconquista” como lucha por la adquisición de pastos, había tenido ya sus primeros ensayos incruentos entre los mismos cristianos: “Es indudable que -aunque todavía faltan más estudios permenorizados sobre el tema-un aspecto muy importante-quizá el más importante- de la expansión del poder económico señorial, sobre todo en Castilla la Vieja y zonas de León, durante los siglos X, Xl y XII, se basó en el aumento de su producción pecuaria, especialmente del ovino. Ello motivó una sostenida lucha por el espacio ganadero -tanto de valles y vegas como de montaña- entre las comunidades de aldea, pequeños concejos, etc., y los grandes señores, los monasterios en primer término pero también los infanzones y otros nobles laicos” [2].

Previamente los poderosos pastores de la nobleza habían derrotado a los agricultores; en palabras de García de Cortázar y González Vesga : “La primera oleada roturadora sobre el valle del Ebro la llamada Navarra o la plana de Vic - siglos VIII-IX incorporó a los diminutos reinos cristianos un fértil espacio donde ampliar la escasísima agricultura de los valles pirenaicos y cantábricos, más propiamente ganaderos. Sin embargo, muy pronto salen a la luz los desequilibrios internos que el crecimiento provoca junto con la irreductible hostilidad de labriegos y pastores. Las maniobras de la instituciones religiosas y otros grandes propietarios por el control de los bienes comunales forman parte de esta preliminar batalla entre orientaciones económicas divergentes. La reconquista de los siglos XI y XII exarcebará la disparidad de criterios sobre el rendimiento de los territorios adquiridos y la agricultura quedará relegada a una posición secundaria dentro del conjunto agropecuario, ante el arrollador paso de la oveja” [3].