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ANTONIO MATEOS MARTÍN DE RODRIGO


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LA
PALABRA

“EXTREMADURA”
(Historia, crítica etimológica e historiográfica y restitución de su significado).


(refundación de la teoría de las “extremaduras”, inicialmente “zonas de pasto”, situadas en las primeras fronteras cristiano-musulmanas y, a partir de Nebrija, “invernaderos”, en base, además, a la triple división del territorio de los reinos cristianos que dedicaban los “extremos” de sus poblaciones al pasto de los ganados y que generalizaron la denominación al mejor y mayor grupo de zonas de pasto, las actuales Extremaduras hispano-portuguesas, situadas sobre los invernaderos musulmanes, objetivo estratégico de la Reconquista según los resultados del estado actual de la historiografía medieval).


MI TIEMPO YA TIENE SU PALABRA
El tiempo trae palabras en las manos,
deseo vertical, y trae respuestas
donde se van pudriendo los olvidos,
...
Hay que esperar que el tiempo
se deshaga en el barro y que madure
la simiente enterrada ( ... ).
Mena Cantero, Francisco.

Depósito Legal. BA-19-04.

miércoles, 26 de diciembre de 2007

16. LA SOLUCIÓN. EL MODERNO CONCEPTO HISTORIOGRÁFICO DE LA “FRONTERA”.

De todas las maneras nos encontramos ante un pobre, negativo y trasnochado concepto de la “frontera medieval”: “En el transcurso de buena parte de su historia (de la extremeña) se ha definido, además, como un espacio fronterizo, con independencia de que esa frontera haya sido unas veces de “pillaje” (desde comienzos del siglo VIII a mediados del XII) y otras, “militar” (durante la segunda mitad del siglo XII y primera del XIII), “político- administrativa” (a raíz de la separación, en 1385 de Castilla y Portugal) o “de colonización” (también desde mediados del siglo XIII )” [1] , según escribe García Pérez.

Para otros historiadores la “frontera” es de una rica complejidad que va más allá de las relaciones bélicas: “...parece claro que el tratamiento historiográfico que ha recibido el tema de la frontera adolece en líneas generales, de una visión excesivamente deudora de planteamientos positivistas. No extraña, por tanto, que los autores que siguen esta línea historiográfica -básicamente institucionalista- contemplen la frontera como el marco ideal para el desarrollo del potencial militar y la resolución de conflictos bélicos. Pero una frontera es mucho más que todo eso, es también el “rostro” visible de una formación socio- económica cuyas características adquieren una especial idiosincrasia, constituyendo además una plataforma apta para el establecimiento de relaciones pacíficas e intercambios sociales, culturales y religiosos” [2], dice Rodríguez -Picavea Matilla.

¿Se basa, además, en la nueva visión que el norteamericano Mackay ofrece de la “frontera” basándose en la experiencia del “oeste” americano según Turner: “La importancia de la reconquista sugiere paralelismos obvios con la tesis de Turner sobre “el significado de la frontera en la historia de los Estados Unidos”. En efecto, en el II Congreso Internacional de Historiadores de los Estados Unidos y México, se prestó mucha atención al análisis de la frontera medieval española como prototipo de aquellas fronteras que se desarrollaron más tarde en el Nuevo Mundo. Y desde luego, utilizando la terminología de Turner se puede demostrar que el retroceso continuo de la frontera, y el avance de la colonización cristiana hacia el sur moldeó el desarrollo histórico español, y que cuando ya no había frontera la época de formación de la historia española había acabado”[3] .

Para Mackay la “frontera” supuso “... la existencia de una lucha creativa” porque “los españoles (cristianos )s e dieron cuenta de que no luchaban contra bárbaros, y a veces, la frontera ibérica constituía una zona de fructíferos contactos culturales”...; pero si la superioridad militar era de los hispano-cristianos, la superioridad cultural les pertenecía a los hispano - musulmanes: “La cristiandad logró la expansión a expensas del Islam, pero fue la civilización islámica, desde muchos puntos de vista más rica y más culta, la que influyó sobre España y el Occidente europeo”[4] , añade Mackay.

En el siglo XV, Extremadura, a través de los maestres, nos dice Américo Castro, era un foco cultural[5]; concretamente Don Juan de Zúñiga instituyó una “Academia científica” en Zalamea de la Serena; este maestre alcantarino fue discípulo de Nebrija y, siempre según Américo Castro, hay que considerar alguna relación entre los maestrazgos y la espectacular cultura extremeña del siglo XVI: “En la ilustración que reproduzco aparece Nebríja ennoblecido con el hábito de caballero de Alcántara, instruyendo en humanidades al maestre y a sus familiares. Ignoro la extensión y profundidad de tal enseñanza, y qué repercusiones tuviesen las cultas iniciativas del maestre en el seno de la orden, afiancada en la región extremeña. Es de notar, en todo caso, que Extremadura ofrezca cierta unidad cultural, literaria y humanística, en la primera mitad del siglo XVI”[6] .

El “hambre” pudo agudizar la “viveza” militar de Hernán Cortés pero la inteligencia de los Montano, Brocense o Casiodoro de Reina, entre otros, no es posible sin “buenas primeras letras”